Cómo no caer en la rutina con mi pareja tras el verano

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Eduardo Torres Celdrán
Psioterapeuta de Pareja y Familia

Afrontar en pareja la vuelta a los horarios, rutinas y tiempos marcados por el trabajo y una vida acelerada, no es cosa fácil.

La vuelta de las vacaciones trae consigo muchos elementos con una alta exigencia psicoemocional. La vuelta a la rutina, al trabajo, el inicio de un nuevo curso, el final de las vacaciones, la organización de los niños, etc. Pero hay otras dimensiones donde este periodo es especialmente crítico. Hablamos de la pareja y de las crisis que surgen en el marco de las mismas asociadas a esta etapa.

Hablamos de crisis o de retos, y hacemos este matiz para no caer en el extendido error de que las parejas terminan por cosas concretas. Ninguna vuelta de vacaciones va a ser lo suficientemente relevante como para terminar con una historia sentimental, con lo cual, no realizamos esta reflexión desde el foco en el que esta etapa es la causa de los problemas de pareja, lo hacemos interpretando las presiones adaptativas que acompañan este periodo como detonadores de crisis.

Primera conclusión, la vuelta de vacaciones es un periodo sensible para que afloren problemas subyacentes en la pareja que se proyectan sobre las cuestiones que surgen en la vuelta a la rutina. Probablemente, estos problemas permanecieron ocultos y enmascarados por la temporada de verano y la convivencia, pero al volver al punto donde estábamos antes de este periodo, pueden resurgir. En la pareja lo que no se resuelve se acumula, y probablemente cuanto más tiempo estén los problemas guardados en el desván, más grande se hacen. Sería fantástico utilizar cuestiones organizativas para resolver estos asuntos vinculares; es por esto que a veces un profesional ayuda a deshacer el ruido que envuelve los problemas de pareja.

Uno de los retos implícitos en esta temporada es volver a las responsabilidades laborales y familiares restando tiempo y espacio a nuestra relación sentimental. Como si de un niño se tratara, nuestra relación de pareja requiere de atención y de cuidado, y a veces, este solo llega cuando estamos de vacaciones y nos lo podemos permitir. Visto de esta manera, de igual forma que a un hijo es difícil explicarle que no le atiendes porque el trabajo es prioritario, con nuestra relación de pareja debiera pasar lo mismo, pero esta siempre es la primera damnificada de la vuelta de la rutina. La importancia de dedicar espacios compartidos se hace más relevante que nunca a la vuelta del verano.

Esta temporada siempre sirve de evaluación al proyecto común que nos traemos entre manos. El comienzo de una nueva temporada trae consigo la revisión de objetivos y la planificación de los mismos. Si aceptamos que una de las dimensiones es la de socios de una empresa en común, en la que hay que tomar decisiones económicas, jerárquicas, de ocio, de desarrollo, etc. Esta etapa es un momento donde, de no hacerlo, puede dañarse el sentido de estar juntos o a dónde vamos. Poder tener una conversación para planificar y construir una hoja de ruta sobre dónde estamos y a dónde vamos, suele ayudar a ilusionarse por el curso que comienza.

Elemento trasversal a todas estas cuestiones es la famosa “comunicación”. Es difícil abstraerse de la cantidad de consejos a nuestro alrededor sobre cómo comunicarse mejor, pero esto no siempre es fácil y los manuales pueden acabar frustrándonos. Sería interesante aceptar que hay cuestiones al margen de nuestra voluntad y la de nuestra pareja que inciden directamente en la comunicación, y que, si esta no es buena, no es necesariamente culpa de alguien. Se puede tener toda la voluntad del mundo y tener problemas comunicativos. Y es que, lejos de lo que nos tratan de vender en estos consejitos de coach de bolsillo, la comunicación es un elemento multidimensional y multifuncional que no se puede reducir a hablar bien. Es la herramienta de la pareja para existir, para transformarse y para evolucionar, pero es una herramienta compleja, contaminada de muchos elementos y que requiere, en ocasiones, de acompañamiento externo para poder usarla con eficacia. Si no conseguís comunicaros bien, no tenéis la culpa, pero si la responsabilidad de pedir ayuda.

Por último, una de las cosas que a las parejas que vienen a sesión les ayuda y les viene bien, es introducir nuevos rituales, elementos nuevos en el curso que comienza para que faciliten el encuentro y el cambio y que al mismo tiempo tengan un valor simbólico en la pareja importante. Esas clases de danza que dejamos hace años, esa afición compartida por el deporte o por el cine, que tiene unas atribuciones emocionales significativas en el plano de pareja y que siempre ayuda.

Author: WEBMASTER

Administrador de Psicodir

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